Arepas del tercer milenio

 

 

¿Porqué la vida es tan áspera cuando la corriente se desliza por el corazón? Siempre que viene el tambor de las manos de los amados, los latidos se difunden en la realización de una sonrisa que agradece al que pasa por ahí.

Ay.

La existencia se emborracha por la orilla de nuestras sombras y los ojos miran a la cintura que pega al inocente.

¿Qué será de nosotros? ¿Pega o apego?

La harina de maíz criolla estaba parada en la esquina, esperando a que el gallo se fuera. No es que el gallo fuera muy tragón o inteligente. No se fijaba en lo producido, solo trataba de verse en el sol amaneciente de sus sueños. Así que se pasaba el tiempo mirando y hablando a las matas de maíz mientras que la harina cantaba el amor criollo y que los que escuchaban perdían el sentido: el sol era luna y las estrellas un souvenir de un golpe bien fuerte. El hombre esperaba a que todo se vuelva cálido pero el gallo espantaba a la luna maldiciendo a la harina que podía ser acariciada por el hombre.

El gallo se puso loco: ¡Maíces, a matar a la harina!

Eso fue todo. Un dedo en el serruche y la luz se fue corriendo.

El hombre buscó y abrazó en la oscuridad. La harina se encontró en sus brazos para decirle que no se preocupe demasiado, las arepas del tercer milenio estaban a punto de parir una esperanza nueva.

Uno de estos días.

Lo que es de la misma naturaleza no se mata de verdad. Se odia y se ama.

¿Hay que decir que sin maíz no hay harina y que sin harina no hay sentido para el fruto del sol?

Gallo, gallo. Cállate ya. El hombre vendrá a acariciar tu cresta y besar al viento en paz.

¿Y cuando no hay sentido? ¿Cómo en este cuento?

Pues nada. Ilusiones del ser que se busca un culpable y que se mira en el espejo gritando sin reconocerse. O algo parecido.

No se lleven a mi hombre. Ya no tengo luz, ya no tengo sol.

¿Ya viene? Ya viene.

Gallo. No corras. De todos modos te vas a caer. Duerme tranquilo. Tuviste el corazón enfermo por el odio, buscando por el amor. Nadie te va a matar. Canta las mañanas del mañana mientras pagas por tu odio. Los suspiros se detendrán y las risas te amarán un día. El día en que te fuiste.

Y no sabremos como agradecerte. Negativo de nuestros sueños, nos aprendiste a volar.

Gracias.

(Caracas, enero del 2003)

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